Cómo me duele tu llanto…

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Afganistán. Hacinados en cunetas. Sin abrigo y sin comida. En Kabul son 35.000 refugiados afganos –miles demenores- en condiciones de pobreza extrema e inseguridad. 500.000 en todo el país. La retirada de tropas no está marcando el fin del dolor de la guerra. (Omar Sobhani/Reuters) . The Objective.

20/01/2014 – ¿El fin del dolor de la guerra? ¡Dios lo quiera! Jamás podré comprender este lamento; me duele cada una de esas lágrimas. Niños sin casa, sin comida, sin abrigo, sin padres… ¿Puede haber injusticia mayor? ¿Qué culpan tienen estos pequeños? Me recuerda el llanto de Rebeca por su hijo hace algunos siglos, esta vez al revés. Y me viene a la memoria aquello que canta Luis Guitarra en “desaprender la guerra”: “Desconvocar el odio, desestimar la ira, rehusar usar la fuerza, rodearse de caricias…” No sé si las naciones realmente estarán por ello. Pero nos es urgente.

¡Cómo me duele tu llanto, pequeña mía! Te cogería para achucharte y robarte todo tu miedo. Te limpiaría la carita despacio para no lastimarte. Buscaría a tu madre, quizás la encontrara, para que nunca más sintieras el peso de la soledad… Y sólo puedo escribirte estas palabras que jamás leerás. Me partes el alma! La guerra es ese monstruo que de vez en cuando se despierta y ahuyenta todos nuestros sueños. Y por desgracia tiene nombre humano y apellido de gobernantes.

¿Dónde está Dios en el campo desolado? Es la pregunta que seguro muchos me lanzarán como pedrada. Y yo callaré o quizás diga algo… ¿Dónde está la libertad? ¿Quién te dio el poder para abusar de tu fuerza? ¿Qué hiciste con la compasión que te regalé? ¿Cuándo perdiste el sentido de las caricias santas? Es posible que la noche caiga sin casi darte cuenta por mucho que desesperadamente quieras abrazarte a la luz de la mañana…

No estamos solos. No todo está perdido. Siempre, siempre, siempre, volverá la mañana a brillar. Y con ella la esperanza. Sueña, descansa, alguien vela en la oscuridad. También en la cruz se oyó una voz del Padre. Estoy a tu lado. Aún es posible “rehabilitar los sueños”, “realimentar la risa, deshilachar los miedos, curarse las heridas…” ¿Empezamos?

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