¿Te gusta la vida que estás viviendo?

Nuestras creencias y nuestro modo de gestionar las emociones son la clave para ser feliz. No depende de lo que nos pasa, sino de cómo afrontamos eso que nos sucede. 26-05-2015 / Neupic – Hace poco terminé de leer el libro «Si esto es un hombre» de Primo Levi. Trata de su experiencia en el campo de concentración nazi de Auschwitz del que logró salir con vida. Me di cuenta del enorme potencial que tienen nuestras creencias y emociones en el modo de afrontar la vida. Esto mismo se ve en otros libros similares como el de Víctor Frankl, «El hombre en busca de sentido», o el del «Diario de Ana Frank». Siempre que el ser humano se ha encontrado en las situaciones más difíciles, ha habido un grupo que ha sabido sobrevivir, no debido a su suerte, sino a sus creencias y a su forma de gestionar sus emociones. Lo vi también entre los cristianos refugiados en Iraq: Lo habían perdido todo, su casa, sus seres más queridos, e incluso su futuro, pero una paz y una seguridad enormes les hacía afrontar la nueva vida infrahumana desde el perdón y la ayuda mutua. La clave la explicaba monseñor Amel Nona (ex-arzobispo de Mosul, Iraq): «Porque todos nosotros debemos morir, si no es hoy, es pasado mañana. El problema no es morir, el problema es cómo vivir el hoy». Esto me hace pensar que lo determinante para nuestra felicidad, no son las cosas que vivimos sino el cómo las asumimos. ¿Cuántas veces culpamos a nuestras circunstancias y nos cegamos en nuestras vivencias? Refugiarnos en el papel de víctimas es lo más cómodo. Sin embargo, una misma persona ante un mismo hecho, reaccionará con agradecimiento y verá como oportunidad lo que otra, en sus mismas circunstancias, sentirá como ofensa y tomará como causa de retraimiento o de rebelión. Todo depende de nuestra madurez emocional, no de las experiencias que hemos vivido o de los hechos que nos han sucedido. Ni siquiera de nuestra oración o santidad. La santidad no siempre tiene mucho que ver con la salud emocional. está comprobado que algunos santos no fueron psicológicamente equilibrados. Pero ¿a qué me refiero cuando digo creencias? Seguramente habrás oído esa frase de que «lo que crees, lo creas»… La Real...

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¿Para qué sirven las emociones incómodas?

La felicidad no se basa en anular las emociones incómodas, sino en saber aceptarlas y aprender a gestionarlas. Algunas nos ayudan a sobrevivir, otras nos hacen madurar. 13-05-2015 / Neupic – Esta mañana me he encontrado con una infografía de una lista de 40 emociones para trabajar en el aula con los niños. Al verla, he pensado que ojalá en mis tiempos de colegio me hubieran enseñado a gestionar las emociones, o al menos, a ponerles nombre… ¡Cuántas dudas y encrucijadas hubiera resuelto más rápido! Con los años me he dado cuenta que esto es más importante, incluso, que otras asignaturas. Porque a fin de cuentas, puedo ser muy buena profesional, pero si no lo soy  a nivel emocional, lo más probable es que acabe culpando siempre de todos mis males a los demás o a las circunstancias. El valor añadido de una persona se lo da su capacidad para relacionarse con los demás y eso depende mucho de su gestión personal de lo que siente y vive. Encontrar trabajo, estar a gusto en él, durar con tu pareja, saber resolver los conflictos, tener amistades estables, etc. no nos lo proporcionan los títulos, sino la madurez emocional. En este proceso nuestro problema suele radicar en las emociones incómodas. Mientras nos sentimos alegres, ilusionados, tiernos, admirados,  satisfechos, seguros, entusiasmados, pacíficos, decimos que la vida nos sonríe y todo va bien. Pero ¿qué hacer cuando nos sentimos tristes, con nostalgia, enfadados, frustrados, decepcionados, solos, confusos, tensos, orgullosos? No sabemos bien qué hacer con estas emociones incómodas. Sin embargo, estas tienen una función vital porque en muchos casos nos permiten sobrevivir y, si las sabemos gestionar bien, también nos ayudan a madurar o simplemente a valorar las emociones positivas. No es lo mismo emoción que sentimiento. Una emoción es una función fisiológica que dispara una serie de respuestas en el organismo. Son la respuesta química y fisiológica frente a las circunstancias que nos tocan experimentar en la vida. Las glándulas suprarrenales liberan hormonas como la adrenalina o el cortisol, y de esta manera el cerebro produce una respuesta que, a su vez, después recoge y elabora. Y el sentimiento es lo que ocurre cuando el cerebro toma conciencia de los efectos de la emoción. La tristeza, la ira y el...

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El amor no es ciego

¿Te resulta difícil reconocer tus autoengaños? ¿Nunca aceptas las críticas que te hacen otros? ¿Solo te gusta escuchar lo que te agrada? Quizás tienes un problema urgente que resolver. El auténtico amor está lejos de ser ciego. 30-04-2015 / Neupic – Aceptar las críticas es una señal de madurez, pero también de salud psicológica y de búsqueda de la verdad. Tendemos de forma natural a auto engañarnos con mucha facilidad: cuanto más inseguros o inmaduros, más ciegos somos hacia nosotros. ¿No te has encontrado con personas que siempre tienen la razón? ¿Personas que solo se permiten escuchar lo que les agrada? ¿Incapaces de decir “gracias, quizás tengas razón, lo pensaré”? Yo conozco a unos cuanto cuya actitud es justo la contraria. Personas que siempre agradecen las críticas; que se dejan ayudar a crecer; que no les cuesta pedir perdón; que mantienen una actitud tan abierta y tan humilde que incluso cuando tienen razón, se cuestionan por si estuvieran engañándose a sí mismos. Toparte con una persona así es encontrarse un tesoro por todo lo que puedes crecer y aprender junto a ella. La ventana de Johari es una herramienta que nos ayuda a entender la forma en que procesamos la información que recibimos y cómo varía la percepción que tenemos de nosotros mismos y de los demás. La clave está en esa apertura a los comentarios que otros hacen sobre nosotros. Lo que decide nuestras respuestas ante la vida, no es lo que nos hacen los demás, sino cómo lo vivimos nosotros por dentro. En la ventana de Johari hay cuatro zonas: 1) La pública, que es la que yo conozco y los demás conocen, 2) la ciega, que es la que yo desconozco pero los demás sí conocen, 3) la oculta, que es la que yo conozco y los demás no conocen y 4) la desconocida, que es la que yo desconozco y los demás también desconocen. Todas estas áreas interactúan y cambian constantemente entre sí. Si nos interesa ser cada vez menos ciegos, hay que trabajar en el área ciega. Es lo que comunicamos sin saberlo y normalmente los demás no nos dicen, aunque lo ven. No suele resultarnos fácil aceptar este tipo de información sobre nosotros porque suele tratarse de algo que no reconocemos. Sin...

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Calidad y calidez

Todos los días hay un instante mágico en que podemos decidir si ser felices o no. Si lo dejas pasar, no volverá. Pero si lo aprovechas, tu vida empieza a tener calidez y calidad, todo brilla, se llena de color y hasta crees que el mundo puede ser más bello y más bueno. 22/04/2015 / Neupic – Un hombre sabio y experimentado (no sé si religioso o no, qué importa) me  dijo ayer: “¿Quiere que le diga algo?” Por supuesto que quería. Pocas veces en la vida tiene una la oportunidad de toparse con personas de su nivel. Entonces me dijo: Tú puedes hacer una misma cosa a 10 personas y ninguna reaccionará igual; tendrás desde la que te lo agradecerá hasta la que te retirará el habla por ello. Porque las reacciones de cada uno, no dependen de lo que tú hagas; dependen de lo que el otro lleva dentro de sí. Si un síndrome de Down te llama “tonto” no te ofendes… ¿Por qué te tiene que ofender si te lo llama alguien cuya historia interior desconoces? Es posible que su propia pobreza no le permita más. Solo las personas espiritualmente grandes tienen facilidad para perdonar. Me hizo pensar, me hizo bien y lo compartí con mis amigos de Facebook, como hago habitualmente cuando algo puede ayudar a otros. Entonces hubo muchos comentarios, pero uno, el de Francisco Antonio, me lanzaba dos preguntas: “¿Qué ocurre cuando perdonas a una persona que cree que ha obrado bien? ¿O cuando perdonas a quien no acepta el perdón?” Y le prometí contestar en mi post de hoy. Uno de los regalos más grandes que podemos tener en la vida es poder vivirla a tope, sintiéndola resplandeciente y full color. Es un don, pero también una decisión personal de ese momento en que te despiertas y tomas conciencia de todo lo bueno, bello y amable que te rodea. De ese instante mágico en que caes en la cuenta de que no tienes nada que perdonarle a nadie, ni a nadie nada que pedir perdón. No porque no te hayan hecho daño o porque tú no hayas hecho mal a nadie. Sino porque comprendes, por una parte, que todos cometemos errores, tarde o temprano; y por otra, que ni...

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Madurar para ser feliz

No se trata de escapar de las experiencias, sino de entenderlas. Cuando vivimos situaciones difíciles, intentemos comprender lo que ha pasado y por supuesto no irnos hacia gente que nos proporciona respuestas absurdas para tranquilizarnos. “La edad es un número, la madurez es una opción.” 15/04/2015 / Neupic – Hace poco me topé con una de esas tantas fotos con frases que nos llegan en cadena. Suelo tirarlas a la papelera casi sin mirarlas, pero esta vez la foto me llamó la atención por lo poco habitual; eso me llevó a fijarme en la frase que decía: “La edad es un número, la madurez es una opción”… Y me hizo pensar! Cuántos adolescentes de 30, 40, 50 y más años nos encontramos a lo largo de la vida. Y cuántas veces nosotros mismos, en ciertas situaciones, reaccionamos como tal. Nadie es maduro en todo ni para siempre. Si el mismo hecho de que te llamen inmaduro ya te ofende, mala señal.  Pero a veces nos topamos con personas tan vacías de mente y de alma que son incapaces de reconocer su propia inmadurez: ciegos por completo a su propia realidad interior. Alguien le ha llamado a esto “síndrome de Peter Pan”. Este término lo acuñó Dan Kiley para las personas que no saben o no quieren crecer, madurar, hacerse adultas. Un fruto madura en el árbol a base de mucho tiempo expuesto al sol, a la lluvia, al viento, mientras en silencio la savia y sus nutrientes va fluyendo en su interior. Una persona suele madurar cuando en los contratiempos y las dificultades dolorosas de la vida, dedica tiempo a interiorizar aquello que le pasa. La contemplación, la reflexión y la soledad son su savia nutriente que le hace entender lo doloroso, lo difícil, lo frustrante. A veces tenemos suerte y encontramos en estos procesos a alguna persona que ni nos dulcifica ni nos tranquiliza lo que vivimos, sino que nos enfrenta con cariño firme a la situación. Pero esas personas nunca podrán suplir esos momentos de silencio y soledad por los que nos toca pasar para madurar. ¿Quién es la persona madura? Aquella que experimenta con consciencia sus emociones, sabe gestionarlas adecuadamente y sacar experiencia de todo lo que vive. ¿Cómo se la reconoce? 1) Es...

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Buscando la verdad

Solo un corazón limpio es capaz de encontrar la verdad. Y ese es un corazón libre de rencores, de rabias, de prejuicios, de componendas, de intrigas y de orgullo. En resumen, un corazón de niño, que no es lo mismo que infantil. 8/04/2015 / Neupic – Dicen que “no hay peor ciego que aquel que no quiere ver”, y es verdad, pero el problema no está en el querer, sino en la ceguera. ¿Qué nos hace estar ciegos? Lo diré de entrada y a rajatabla: Nos ciega nuestro ego enorme. ¿Has conducido alguna vez con una espesa niebla? Incluso cuando conoces muy bien la carretera, no te queda más remedio que ir muy despacio: Avanzas casi a tientas, cualquier imprevisto te puede sorprender. El corazón se pone en “modo alerta: On” y como te creas muy seguro, corres más peligro. Ante cualquier curva te puedes salir del asfalto o darte contra uno que viene despistado o borracho frente a ti. A veces me pregunto por qué la lógica aplastante que tenemos para sobrevivir físicamente no la usamos para vivir mejor nuestra vida. La niebla de nuestra vida es nuestro ego y cuanto más grande, más desdibuja nuestro camino en la búsqueda de la verdad. Ojalá observáramos más a los niños, que aún tienen un corazón limpio y sencillo. Ellos tienen mucho que enseñarnos. ¿Cómo funciona nuestro ego? Igual que la niebla, distorsionando nuestro camino, nublando la verdad. Solo quien tiene su corazón libre encontará la verdad en sus pasos por la vida. ¿Cómo puede el rencor, la rabia, el orgullo herido, mirar con objetividad? Mira los animales, cuanto más heridos, más peligrosos. No son libres porque el dolor les obliga a ver solo desde lo que sienten. No somos menos que ellos. Solo un corazón limpio y sencillo es realmente libre. Pero esta sociedad no nos enseña a conquistar esa libertad. Nos dice lo contrario: “No seas tonto”, “protégete”, “no permitas eso que te han hecho”, “mira”… Y nos enfoca con lente de aumento el mal recibido. Nuestro ego se agranda, la niebla se hace más densa. Y llegamos a perder toda visión de la verdad. Incluso nos cegamos tanto que creemos más lo que dice nuestro ego que la belleza del camino y...

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La condena sin juicio

Nunca tenía que haber pensado que él quería quitarle el agua. Cuando supo, después de matarlo, que solo le había salvado la vida, mandó a inscribir: “Incluso cuando un amigo hace algo que no te gusta, sigue siendo tu amigo”. Y “cualquier acción motivada por la furia es una opción condenada al fracaso”. Condenado a morir por mala interpretación. 2/04/2015 / Neupic – Tenía un fiel amigo del que se fiaba totalmente. Un día se dio una circunstancia que él interpretó como una traición. Le dio hasta tres oportunidades porque lo amaba mucho. Hasta ahí nada anormal. Pero le pudo el miedo a perder el control, a que le criticaran por lo que le consentía o permitía, a no hacer lo correcto. Y aunque nunca tenía que haber dudado de él porque jamás antes le había sido infiel (al contrario), acabó perdiéndolo sin comprobar por qué había actuado de esa forma que tanto le desagradó. No se fió de que siempre le había cuidado. Esta es la historia de Gengis Jan con su halcón, que relato más adelante. Es también mi experiencia personal con alguien que nunca quiso escucharme cuando se sintió traicionada y decidió matar nuestra amistad a base de silencio e indiferencia. Quién sabe si un día recibirá la sorpresa que Gengis Jan descubrió después de la muerte injusta de su amigo fiel. Esta es solo una de las más simples (y de las muchas) condenas que este mundo realiza sin derecho a la presunción de inocencia o sin permitir defensa. Similar, aunque mucho más grave, a la de Jesús. Pero, por si fuera poco, con una muerte llena de amor infinito hasta el extremo. Amor traducido en perdón a quienes le condenaban injustamente y en bien incondicional oculto incluso a los ojos de los suyos. Algo impensable sin un corazón verdaderamente libre y transformado en auténtico amor. No es el único caso. Otros más en la historia, pasada y actual, demuestran esta capacidad ‘divina’ del ser humano que se vuelve co-redentor. Por ejemplo, los mártires cristianos en Siria o en Irak; por su escasez considerados como ‘extraterrestres’ (santos) en este mundo que vivimos. El problema mayor en toda esta ilógica es la ceguera (por su rabia o su dolor) de quien no es capaz de...

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Convertir en retos las dificultades

Lo propio de las grandes personas no es si tienen problemas o no, sino si comprenden sus problemas y los solucionan o continúan arrastrándolos de un año a otro. Es mi padre quien me enseñó que debemos convertir en retos las dificultades. Y creo que es ahí donde está la clave de cualquier éxito personal. 25/3/2015 – Neupic – Problemas vamos a tener siempre. Dificultades siempre encontraremos. A veces incluso son pequeñas y ridículas pero les concedemos tal poder que nos paralizan. No es lo que sucede con las grandes personas. Todos hemos vivido momentos en los que parece que todo son problemas y no queremos saber nada de nadie ni de nada. Nos sentimos frustrados, enfadados, o deprimidos. Sin embargo, no todos afrontamos igual estos momentos. Creo que en el fondo depende de nuestro grado de libertad real. Si analizamos bien la mayoría de nuestras dificultades tienen que ver con que alguien no ha satisfecho nuestras expectativas: no realizó el trabajo que nosotros esperábamos, no nos dio esa muestra de ternura y cariño que pensamos merecer, no nos da la libertad que reclamamos, no nos dan la oportunidad laboral que creemos merecer, nos trata con indiferencia, no nos reconoce lo que valemos, etc. Y en el fondo sabemos que darle poder a cualquiera de estos motivos es falta de libertad por nuestra parte. Le estamos dando el poder a personas que probablemente valen muy poco o nada. Los verdaderos problemas son otros: no tener agua potable o comida durante un tiempo prolongado, vivir bajo una amenaza continua de muerte,  estar completamente solo en medio de una guerra o un desierto.Y hay gente que ni siquiera esto lo vive como dificultades. La clave es saber vivir, aprender a enfocarnos en la solución y no en el problema, relativizar lo que no es ni urgente ni importante. La cuestión se complica cuando vivimos centrados en nosotros mismos y ciegos ante la vida que fluye: encerrados en nuestro yo, llenos de nosotros mismos, incapaces de salir de nuestras cabezonerías o nuestro orgullo. Y ciegos para darnos cuenta de ello. No hay nada más peligroso que un animal herido y lamentablemente por el mundo hay muchas personas que viven heridas sin hacer nada por sanar. Para convertir en retos las dificultades el primer...

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Convertir en retos las dificultades

Lo propio de las grandes personas no es si tienen problemas o no, sino si comprenden sus problemas y los solucionan o continúan arrastrándolos de un año a otro. Es mi padre quien me enseñó que debemos convertir en retos las dificultades. Y creo que es ahí donde está la clave de cualquier éxito personal. XISKYA VALLADARES / Neupic 25-03-2015 – Problemas vamos a tener siempre. Dificultades siempre encontraremos. A veces incluso son pequeñas y ridículas pero les concedemos tal poder que nos paralizan. No es lo que sucede con las grandes personas. Todos hemos vivido momentos en los que parece que todo son problemas y no queremos saber nada de nadie ni de nada. Nos sentimos frustrados, enfadados, o deprimidos. Sin embargo, no todos afrontamos igual estos momentos. Creo que en el fondo depende de nuestro grado de libertad real. Si analizamos bien la mayoría de nuestras dificultades tienen que ver con que alguien no ha satisfecho nuestras expectativas: no realizó el trabajo que nosotros esperábamos, no nos dio esa muestra de ternura y cariño que pensamos merecer, no nos da la libertad que reclamamos, no nos dan la oportunidad laboral que creemos merecer, nos trata con indiferencia, no nos reconoce lo que valemos, etc. Y en el fondo sabemos que darle poder a cualquiera de estos motivos es falta de libertad por nuestra parte. Le estamos dando el poder a personas que probablemente valen muy poco o nada. Los verdaderos problemas son otros: no tener agua potable o comida durante un tiempo prolongado, vivir bajo una amenaza continua de muerte, estar completamente solo en medio de una guerra o un desierto.Y hay gente que ni siquiera esto lo vive como dificultades. La clave es saber vivir, aprender a enfocarnos en la solución y no en el problema, relativizar lo que no es ni urgente ni importante. La cuestión se complica cuando vivimos centrados en nosotros mismos y ciegos ante la vida que fluye: encerrados en nuestro yo, llenos de nosotros mismos, incapaces de salir de nuestras cabezonerías o nuestro orgullo. Y ciegos para darnos cuenta de ello. No hay nada más peligroso que un animal herido y lamentablemente por el mundo hay muchas personas que viven heridas sin hacer nada por sanar. Para...

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¿Y a ti quién te cuida?

“No conozco la clave del éxito pero la clave del fracaso es tratar de complacer a todo el mundo” (Woody Allan). Para disfrutar de verdad de lo que hacemos, para amar plenamente a los demás y para vivir contagiando paz, necesitamos cuidarnos sin remordimientos. XISKYA VALLADARES / Neupic 17/03/2015 – Escribo a 10.363 metros de altitud, justo en el momento en que el avión empieza a sobre volar el océano Atlántico y deja atrás el continente americano. En el vuelo AA 36 del día lunes 16 de marzo con destino a Madrid. Después de dos días en Anaheim (Los Ángeles, CA) en el que muchos dicen es el congreso católico más grande del mundo (con más de 50.000 participantes), en el Convention Center Anaheim, justo en frente del parque de Disneyland. Viajé el viernes desde Madrid, después de entregar en la universidad mi tesis doctoral al Consejo de Departamento el día anterior. Y todo esto después de un viaje a Irak y un ciclo amplio de conferencias por España explicando la situación de nuestros hermanos cristianos perseguidos. Sin dejar ninguna de mis clases en la universida, ni mis tareas varias, y escabulléndome muy pocas veces de mis dos columnas semanales. Doy todos estos detalles porque esto significa que escribo después de varias semanas durmiendo poco, viajando mucho, cambiando husos horarios, y trabajando demasiado. Y solo así tendrá cierta validez lo que hoy trato. Entre todo esto, un día recibí un sorprendente mensaje de una querida exalumna de Granada que me agradecía mi entrega pero me hacía la pregunta que solo mi acompañante espiritual me hace, aunque con otras palabras: ¿Y a ti quién te cuida? Comprenderás que en estas circunstancias su cuestión no me ha dejado indiferente. Y publico hoy sobre esto porque estoy segura de que mi situación es la misma que la de muchas personas: amas de casa, empresarios, gente de negocio, misioneros, mujeres trabajadoras, etc. Gente que con familia o con comunidad atiende a los suyos y a su trabajo, llegando a casa agotados o simplemente constatando uno y otro día que su vida está volcada solo para los demás. Gran error que a veces es muy difícil solucionar. Y por eso para ellos escribo hoy. No se puede vivir en...

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¿Se puede recuperar la confianza?

¿Puede una rosa destrozada volver a lucir su belleza en todo su esplendor? ¿Puede un cristal roto volver a unirse sin señal? He aquí el milagro del amor. Pero ¿existe un amor tan grande así? Dios nunca pierde su confianza en nosotros a pesar de todos nuestros fallos y desaciertos. ¿Necesitamos un amor perfecto para recuperar la confianza perdida en otro? Yo pienso que basta amar y sentirse amado con sinceridad, pero no viene solo, hay que querer y dar unos pasos. XISKYA VALLADARES / Neupic 04-03-2015 – Confiar en alguien es arriesgar nuestra seguridad en esa persona. El niño que se lanza desde arriba en brazos de su padre, tiene la seguridad de ser acogido. ¿Qué hay detrás? Está claro que un saberse amado de verdad. Pero ¿qué pasa si una vez el padre calcula mal (o se despista) y el niño se golpea? ¿Significa que le ha amado menos? No, pero al niño le entra miedo y probablemente tardará en volverse a lanzar  (otras veces he escrito que lo contrario del amor no es el odio, sino el miedo). La confianza, por tanto, es la seguridad que nos da otro basada en una experiencia previa de amor y de buena intención. Perderla supone haber estado seguros y pasar de pronto a sentirnos con miedo a lo que pueda pasar. Para mí, es una de las experiencias más dolorosas que se pueden tener en las relaciones personales. Pero plantearnos la recuperación o no de la confianza perdida -siempre lo he dicho- dependerá principalmente de dos factores: 1) Buena o mala intención: ¿Nos fallaron con mala intención o se trató de un error a la hora de buscar nuestro bien, o sea, basados en una buena intención? No nos conviene rodearnos de gente con mala intención, pero tampoco nos conviene despedirnos de gente buena, aunque imperfecta, que ha podido no acertar en la búsqueda de nuestro bien. 2) Grado de amor: ¿Nos sentimos realmente queridos por aquel que nos ha fallado de manera que vemos su dolor por habernos hecho sufrir? A su vez, ¿nos importa tanto quien nos falló como para querer perdonarle y considerar que merece otra oportunidad? Consideremos que el amor ni se impone, ni es solo cuestión de sensiblería, sino...

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Aprender a decir “no”

Todavía me cuesta comprender con qué facilidad algunas personas dicen “no” a lo que no les conviene y encima saben quedar bien con ello. Decir “no” es todo un arte pero se puede aprender. XISKYA VALLADARES / Neupic 26-02-2015 – “Me encantaría, pero estos días estoy muy liado”… “Esta tarde me va fatal, ¿nos llamamos y quedamos otro día?”… “Lo estoy deseando, pero de verdad que no he podido”… Son frases que nos han dicho, o hemos oído decir, o quizás nosotros mismos hemos pronunciado. Muchas veces, todos lo sabemos, son pura excusa. Todos tenemos tiempo siempre para aquello que realmente queremos. Pero ¿nos conviene ir por la vida diciendo siempre que sí? ¿A qué precio? Estamos de acuerdo en que nos meten muchas trolas y partimos del hecho de que si algo realmente nos interesa, ni lo alargamos, ni respondemos que no. Pero la realidad es que nuestro tiempo es muy limitado, los días solo tienen 24 horas y de esas los expertos dicen que es conveniente dedicar ocho horas para dormir, ocho horas para trabajar, y ocho horas para relacionarnos y distendernos. Pero podemos decir que nuestra sociedad occidental vive así de habitual? La pregunta más exacta sería: ¿Yo organizo así mi tiempo? Me temo que un afán de activismo se ha desatado entre nosotros. Como si me fuera a morir mañana o como si la salvación de este mundo dependiera de mí. ¿Cómo reparto mis 24 horas del día? Mi experiencia me habla de que este texto justo lo va a leer y se lo va a tomar muy en serio la persona equivocada. ¿Os habéis percatado de que todos sabemos a quién le podemos pedir algo porque nunca se va a negar y todos sabemos quién ni siquiera es capaz de cumplir las responsabilidades que ha asumido y se queda tan tranquilo? Es cierto que también he comprobado que nuestra capacidad de trabajo no es para todos igual. Dios no nos hizo a todos igual de fuertes en nada. Pero teniendo en cuenta eso, Dios nos pide a cada uno según las cualidades y capacidades que nos ha dado. Aclarado que este texto no es para los artistas de la negación y la irresponsabilidad, sino para esos incapaces de decir que...

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