Ponte en sus zapatos
Uno, otro, uno, otro, uno… toques y toques apresurados, atinando al aire, para poder entrar. ¡Demasiado tarde! Con el pitido el bastón queda enganchado. Alguien corre para intentar forzar la puerta; desde la oscuridad su voz serena y calma - como de quien está habituado...