La fe por contagio

Charla para el claustro de profesores del colegio Amorós (Madrid) XISKYA VALLADARES rpm. Buenas tardes. Quiero empezar con tres preguntas: ¿Qué os hace estar aquí hoy después de vuestra cansada jornada de trabajo? Espero que no sea solo la obligatoriedad de la Dirección del centro. ¿Qué os llevó a elegir ser maestros y profesores en un centro concertado católico? Espero que no sea la única salida de trabajo que encontrasteis. ¿Y qué os lleva a preocuparos de la vida de los chavales que tenéis cada día en vuestras aulas? Espero que no sea solo el poder mantener un orden y control en vuestras clases. Estereotipos del docente Nuestros alumnos conocen muy bien cuáles serían nuestras respuestas, tan solo con nuestra primera semana de clase. Y nos clasifican rápidamente según algunos estereotipos. Si ponéis en YouTube “tipos de profesores” veréis la cantidad de videos que ellos dedican a este tema. Hablan del profesor coleguilla, del aburrido, del ausente, del político, el que cuenta su vida, el rompe-ilusiones, el sobrao, el duro, el exigente, el muletillas, el loco bipolar, el tecnológico, etc. Pero creo que simplificando mucho y para lo que nos interesa ahora, podemos dividir a los profesores en dos: El mercenario y el viral. El mercenario es aquel que da su clase, imparte su materia como mejor puede, y no le pidas que eche horas extras, que se preocupe por algo más que la formación académica, ni que le importe nada la realidad de sus alumnos. En un mundo tan destruido y tan necesitado [ver fotos], no podemos permitirnos el lujo de ser profes mercenarios. Nuestras aulas son reproducción a menor escala de esa realidad que encontramos fuera y para ser felices no podemos quedarnos contemplando lo que vemos sin hacer nada. Somos creadores de futuro. Podemos mejorar el mundo. Esa es una responsabilidad ineludible. Veamos este video antes de continuar: ¿Qué es lo que produce ese bajo nivel de reincidencia en los presos de la cárcel de Noruega? Yo pienso que es el ambiente, la confianza que el sistema tiene en ellos, y el sentirse cuidados aún dentro de la falta de libertad. Todo ello crea unas emociones más positivas que las que podemos encontrar en cárceles con celdas pequeñas, abarrotadas, llenas de...

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Seguir el corazón

XISKYA VALLADARES / The Objective Denis Yushin ha dejado a su mujer y su hija de seis años para recorrer el mundo con su moto cortando el pelo a cambio de combustible y comida. Hace falta mucha motivación para lanzarse a una aventura así. Otros dirán que más que motivación es mucha necesidad de protagonismo. No sé. No voy a entrar a juzgarle. Lo cierto es que todo en él es extremo: sus viajes, los peinados, los cortes que realiza y también los lugares donde lo hace. Corta el pelo en parapente, en la cima de un volcán, en medio del desierto, etc. Y siempre lo graba todo con su cámara de acción GoPro. Sube los videos a YouTube y los comparte en sus redes sociales. El mundo parece que se podría dividir en dos grupos: La gente que todo lo comparte en las redes y los que no solo no lo hacen, sino que además critican a quienes sí lo hacen. Pienso que en cualquier caso, lo importante es preguntarnos qué nos mueve a hacerlo. ¿El deseo de intimidad, la necesidad de protagonismo, un afán de originalidad, la búsqueda de encuentros, transmitir cercanía, contagiar una vivencia, compartir experiencias, etc.? No nos engañemos. Cualquiera de estas preguntas puede estar detrás de cualquiera de las dos posturas. Lo importante es estar dispuestos a seguir el corazón y pagar el precio por ello si fuera necesario. Hay llamadas de la vida que es imposible no asumir. Aunque es cierto que es más cómodo ser borrego. Pero la comodidad nada tiene que ver con la paz, aunque algunos la confundan. Al menos no con la paz de los vivos, de aquellos a quienes les bulle la sangre y la vida les reclama inexorablemente. Ser fotocopia no aporta nada. Repetir ideas como loros suena a disco rayado. Seguir la moda de parecer guay huele a tapadera. Las formas que buscan siempre lo políticamente correcto me huelen a podrido. Las palabras sin pasión las veo vacías. Me convence la sinceridad, la naturalidad, la transparencia, la autenticidad, la vida sentida! Y qué poco encuentro de eso… Prefiero a Denis Yushin que persigue sus sueños, aunque sea criticable, que a mil cumplidores de su deber que solo viven por...

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Convertir en retos las dificultades

Lo propio de las grandes personas no es si tienen problemas o no, sino si comprenden sus problemas y los solucionan o continúan arrastrándolos de un año a otro. Es mi padre quien me enseñó que debemos convertir en retos las dificultades. Y creo que es ahí donde está la clave de cualquier éxito personal. XISKYA VALLADARES / Neupic 25-03-2015 – Problemas vamos a tener siempre. Dificultades siempre encontraremos. A veces incluso son pequeñas y ridículas pero les concedemos tal poder que nos paralizan. No es lo que sucede con las grandes personas. Todos hemos vivido momentos en los que parece que todo son problemas y no queremos saber nada de nadie ni de nada. Nos sentimos frustrados, enfadados, o deprimidos. Sin embargo, no todos afrontamos igual estos momentos. Creo que en el fondo depende de nuestro grado de libertad real. Si analizamos bien la mayoría de nuestras dificultades tienen que ver con que alguien no ha satisfecho nuestras expectativas: no realizó el trabajo que nosotros esperábamos, no nos dio esa muestra de ternura y cariño que pensamos merecer, no nos da la libertad que reclamamos, no nos dan la oportunidad laboral que creemos merecer, nos trata con indiferencia, no nos reconoce lo que valemos, etc. Y en el fondo sabemos que darle poder a cualquiera de estos motivos es falta de libertad por nuestra parte. Le estamos dando el poder a personas que probablemente valen muy poco o nada. Los verdaderos problemas son otros: no tener agua potable o comida durante un tiempo prolongado, vivir bajo una amenaza continua de muerte, estar completamente solo en medio de una guerra o un desierto.Y hay gente que ni siquiera esto lo vive como dificultades. La clave es saber vivir, aprender a enfocarnos en la solución y no en el problema, relativizar lo que no es ni urgente ni importante. La cuestión se complica cuando vivimos centrados en nosotros mismos y ciegos ante la vida que fluye: encerrados en nuestro yo, llenos de nosotros mismos, incapaces de salir de nuestras cabezonerías o nuestro orgullo. Y ciegos para darnos cuenta de ello. No hay nada más peligroso que un animal herido y lamentablemente por el mundo hay muchas personas que viven heridas sin hacer nada por sanar. Para...

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¿Y a ti quién te cuida?

“No conozco la clave del éxito pero la clave del fracaso es tratar de complacer a todo el mundo” (Woody Allan). Para disfrutar de verdad de lo que hacemos, para amar plenamente a los demás y para vivir contagiando paz, necesitamos cuidarnos sin remordimientos. XISKYA VALLADARES / Neupic 17/03/2015 – Escribo a 10.363 metros de altitud, justo en el momento en que el avión empieza a sobre volar el océano Atlántico y deja atrás el continente americano. En el vuelo AA 36 del día lunes 16 de marzo con destino a Madrid. Después de dos días en Anaheim (Los Ángeles, CA) en el que muchos dicen es el congreso católico más grande del mundo (con más de 50.000 participantes), en el Convention Center Anaheim, justo en frente del parque de Disneyland. Viajé el viernes desde Madrid, después de entregar en la universidad mi tesis doctoral al Consejo de Departamento el día anterior. Y todo esto después de un viaje a Irak y un ciclo amplio de conferencias por España explicando la situación de nuestros hermanos cristianos perseguidos. Sin dejar ninguna de mis clases en la universida, ni mis tareas varias, y escabulléndome muy pocas veces de mis dos columnas semanales. Doy todos estos detalles porque esto significa que escribo después de varias semanas durmiendo poco, viajando mucho, cambiando husos horarios, y trabajando demasiado. Y solo así tendrá cierta validez lo que hoy trato. Entre todo esto, un día recibí un sorprendente mensaje de una querida exalumna de Granada que me agradecía mi entrega pero me hacía la pregunta que solo mi acompañante espiritual me hace, aunque con otras palabras: ¿Y a ti quién te cuida? Comprenderás que en estas circunstancias su cuestión no me ha dejado indiferente. Y publico hoy sobre esto porque estoy segura de que mi situación es la misma que la de muchas personas: amas de casa, empresarios, gente de negocio, misioneros, mujeres trabajadoras, etc. Gente que con familia o con comunidad atiende a los suyos y a su trabajo, llegando a casa agotados o simplemente constatando uno y otro día que su vida está volcada solo para los demás. Gran error que a veces es muy difícil solucionar. Y por eso para ellos escribo hoy. No se puede vivir en...

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Tenemos una vida que vivir

(Jaber al-Helo/AP Photo/Archivo) XISKYA VALLADARES / The Objective 21.03.2015 – Esta ha sido otra semana atroz a nivel de terrorismo mundial. En Yemen, en Túnez, en Siria, en Irak… La ONU, por fin, empieza a reaccionar (mira que llevamos tiempo pidiéndolo). Ahora dice que quiere juzgar al Estado Islámico en la Corte Penal Internacional. La Oficina de Derechos Humanos dice que, según las evidencias, los islamistas han cometido en Irak los tres delitos más graves: genocidio, crímenes contra la humanidad y de guerra. ¿Solo en Irak? Voy a ir al grano. Aunque no seamos la ONU, también nosotros tenemos que reaccionar. Tenemos una vida que vivir y no la estamos viviendo. El ser humano es el único animal capaz de vivir estando muerto. Y estamos pagando un precio por ello: ¿Somos felices? ¿Sentimos que nuestra vida es plena? ¿Estamos llenando nuestro ser de aquello para lo que hemos nacido? Ayer y antes de ayer (y seguramente hoy) he visto una película documental que no me deja, se llama “The power of the heart”. Seguramente no me deja porque trata de eso que llevo tiempo dándole vueltas: ¿Para qué estoy en este mundo? ¿Cuál es mi camino para aportar lo que Dios me ha dado? ¿Cuál es mi misión aquí? ¿De qué estoy llenando mi vida? He visto el horror de Irak en directo, he sufrido una guerra en primera persona cuando solo tenía 10 años, he conocido desde dentro cómo funcionan los medios de comunicación, he podido relacionarme con personas muy influyentes de distintos ámbitos, he tenido la oportunidad aprovechada de formarme académicamente hasta un doctorado, he sabido lo que es trabajar en instituciones públicas y privadas, he viajado más que la media de la población mundial, he conocido la pobreza y la abundancia, he vivido la más bella amistad y el más doloroso abandono, he conocido a gentes muy variadas, y tengo un alma mestiza al 100% en la que se unen dos culturas diferentes: la Europea y la Latinoamericana. ¿Y todo esto es casualidad? Todo esto es un responsabilidad y me surgen preguntas. Pero no soy la única con estos interrogantes. Toda vida humana está llena de belleza y de misterio. Ante las cosas que suceden, a todos nos surgen cuestiones que tocan...

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¿Se puede recuperar la confianza?

¿Puede una rosa destrozada volver a lucir su belleza en todo su esplendor? ¿Puede un cristal roto volver a unirse sin señal? He aquí el milagro del amor. Pero ¿existe un amor tan grande así? Dios nunca pierde su confianza en nosotros a pesar de todos nuestros fallos y desaciertos. ¿Necesitamos un amor perfecto para recuperar la confianza perdida en otro? Yo pienso que basta amar y sentirse amado con sinceridad, pero no viene solo, hay que querer y dar unos pasos. XISKYA VALLADARES / Neupic 04-03-2015 – Confiar en alguien es arriesgar nuestra seguridad en esa persona. El niño que se lanza desde arriba en brazos de su padre, tiene la seguridad de ser acogido. ¿Qué hay detrás? Está claro que un saberse amado de verdad. Pero ¿qué pasa si una vez el padre calcula mal (o se despista) y el niño se golpea? ¿Significa que le ha amado menos? No, pero al niño le entra miedo y probablemente tardará en volverse a lanzar  (otras veces he escrito que lo contrario del amor no es el odio, sino el miedo). La confianza, por tanto, es la seguridad que nos da otro basada en una experiencia previa de amor y de buena intención. Perderla supone haber estado seguros y pasar de pronto a sentirnos con miedo a lo que pueda pasar. Para mí, es una de las experiencias más dolorosas que se pueden tener en las relaciones personales. Pero plantearnos la recuperación o no de la confianza perdida -siempre lo he dicho- dependerá principalmente de dos factores: 1) Buena o mala intención: ¿Nos fallaron con mala intención o se trató de un error a la hora de buscar nuestro bien, o sea, basados en una buena intención? No nos conviene rodearnos de gente con mala intención, pero tampoco nos conviene despedirnos de gente buena, aunque imperfecta, que ha podido no acertar en la búsqueda de nuestro bien. 2) Grado de amor: ¿Nos sentimos realmente queridos por aquel que nos ha fallado de manera que vemos su dolor por habernos hecho sufrir? A su vez, ¿nos importa tanto quien nos falló como para querer perdonarle y considerar que merece otra oportunidad? Consideremos que el amor ni se impone, ni es solo cuestión de sensiblería, sino...

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Tú también serás un viejo

FOTO: Alessandra Tarantino/AP Photo XISKYA VALLADARES / The Objective 06.03.2015 – Que no atender a nuestros mayores es pecado mortal, ha dicho el papa Francisco este miércoles pasado. Supongo que conoces –como él y como yo– padres enfermos, mayores, abuelos, que teniendo varios hijos, se sienten completamente solos. Y te parten el alma. Reconozco que la gente que se siente sola o triste es mi debilidad y trato en todo lo posible, darles algo (aunque sea poco) de lo que merecen y necesitan. Pero no porque lo pida Dios, ni porque sea buena. No. Incluso, quizás, por egoísmo. Me voy a explicar. – Cuidar a nuestros mayores no es una cuestión religiosa. Lo hacen grupos étnicos que jamás han oído hablar de Jesucristo. En África, en América, en Asia, los ancianos son la riqueza de un pueblo. Y esto es solo cuestión de sabiduría popular que a veces supera con creces la sapiencia intelectual de los académicos. Pero en todo caso, soy monja y sé que en lo débil, pobre y frágil, se hace aún más presente nuestro Dios. – Los pueblos que veneran a sus mayores saben que, aunque hoy ellos se babeen o chocheen o simplemente sean unos pesados, a ellos les deben la vida y casi todo lo que hoy son. Por tanto, no pueden no ser agradecidos. ¿Quién sino ellos te trajeron al mundo, te pagaron tus estudios, te enseñaron un trabajo, te transmitieron tus valores, te dieron parte de tu personalidad, te hicieron llegar a lo que hoy eres? – La ancianidad, la enfermedad, la senectud, incluso la demencia senil, la depresión, el sentimiento de inutilidad, y todo lo que la cultura del descarte nos ha transmitido como rechazo hacia nuestros ancianos, sí tiene un valor por mucho que queramos rechazarlo desde nuestra concepción de inmediatez y utilidad. Ese valor se lo da el amor auténtico. Un amor que no está de moda, pero que es el único que salva al mundo. Ese amor que no espera nada a cambio, que es paciente, es servicial, no tiene envidia, todo lo perdona, todo lo cree, y agradece lo mucho o poco que recibe en la vida. No apreciar este amor nos lleva a esa cultura que solo valora lo útil, lo inmediato...

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Aprender a decir “no”

Todavía me cuesta comprender con qué facilidad algunas personas dicen “no” a lo que no les conviene y encima saben quedar bien con ello. Decir “no” es todo un arte pero se puede aprender. XISKYA VALLADARES / Neupic 26-02-2015 – “Me encantaría, pero estos días estoy muy liado”… “Esta tarde me va fatal, ¿nos llamamos y quedamos otro día?”… “Lo estoy deseando, pero de verdad que no he podido”… Son frases que nos han dicho, o hemos oído decir, o quizás nosotros mismos hemos pronunciado. Muchas veces, todos lo sabemos, son pura excusa. Todos tenemos tiempo siempre para aquello que realmente queremos. Pero ¿nos conviene ir por la vida diciendo siempre que sí? ¿A qué precio? Estamos de acuerdo en que nos meten muchas trolas y partimos del hecho de que si algo realmente nos interesa, ni lo alargamos, ni respondemos que no. Pero la realidad es que nuestro tiempo es muy limitado, los días solo tienen 24 horas y de esas los expertos dicen que es conveniente dedicar ocho horas para dormir, ocho horas para trabajar, y ocho horas para relacionarnos y distendernos. Pero podemos decir que nuestra sociedad occidental vive así de habitual? La pregunta más exacta sería: ¿Yo organizo así mi tiempo? Me temo que un afán de activismo se ha desatado entre nosotros. Como si me fuera a morir mañana o como si la salvación de este mundo dependiera de mí. ¿Cómo reparto mis 24 horas del día? Mi experiencia me habla de que este texto justo lo va a leer y se lo va a tomar muy en serio la persona equivocada. ¿Os habéis percatado de que todos sabemos a quién le podemos pedir algo porque nunca se va a negar y todos sabemos quién ni siquiera es capaz de cumplir las responsabilidades que ha asumido y se queda tan tranquilo? Es cierto que también he comprobado que nuestra capacidad de trabajo no es para todos igual. Dios no nos hizo a todos igual de fuertes en nada. Pero teniendo en cuenta eso, Dios nos pide a cada uno según las cualidades y capacidades que nos ha dado. Aclarado que este texto no es para los artistas de la negación y la irresponsabilidad, sino para esos incapaces de decir que...

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¿A quién le gusta mendigar?

Francisco le dijo a Rikki en Manila: “Yo te voy a hacer una pregunta: Vos y tus amigos van a dar, dan, dan, ayudan, ¿pero vos dejás que te den? Contestate en el corazón”… Y le propuso que se hiciera mendigo de aquellos a los que da. Pero de verdad, ¿a quién le gusta mendigar? XISKYA VALLADARES / Neupic 19-02-2015 – No sé a vosotros. Pero no creo que halla algo más humillante que suplicar, mendigar, implorar. Imagina que necesitas hablar con alguien, se lo pides, te da largas, le insistes, te vuelve a dar largas… ¿sigues suplicándole o renuncias?  Pues bien, al pobre no le queda más remedio para vivir que mendigar. Es decir, acostumbrarse a una vida muy dura. Me gustaría que hoy intentáramos ver la vida desde esa otra perspectiva porque creo que sobre las cosas más importantes de la existencia, como el amor, tenemos mucho que aprender desde ahí. Hace poco me regalaron el libro “Mendigos de amor”, de Matthieu Dauchez. Trata de su aprendizaje vital desde la “escuela de los niños de Manila”.  El padre Matthieu es el director de la fundación Tulay Ng Kabataan en Filipinas, dedicada a atender a los niños de la calle en Manila. Un lugar que el papa visitó por sorpresa en su viaje. Su libro es una reflexión preciosa sobre el perdón y el amor fraguados desde el dolor. Y hago referencia a él porque parte de una consideración pocas veces clara: “el amor requiere ante todo de humildad”. Lo he leído con auténtica sorpresa y simpatía, asintiendo una y otra vez en afirmaciones tan políticamente incorrectas que no podrían salir sino de un corazón muy auténtico. Quienes me conocen saben mi ‘debilidad’ por la autenticidad. ¿Qué tiene que ver este libro con esto del amor, la humildad y el ser mendigo? Todo. Y como para mí es muy importante os quiero compartir tres de sus ideas que más han coincidido con mi propia experiencia personal de mendigar. El amor es intolerante: No es verdad que el amor sea incondicional. Tampoco es cierto que sea tolerante. A mí no me gusta que me digan “te tolero”. No me gusta que me quieran por compasión. El padre Matthieu asegura que  el amor desborda de los corazones traicionados de...

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Y ahora la Madre Teresa quemada

Foto: Rajat Gupta/EFE XISKYA VALLADARES/ The Objective 27.02.2015 – Ahora también en la India. La foto de la mundialmente admirada Madre Teresa de Calcuta ha sido quemada por activistas del partido conservador “Hindú Sena”, en Nueva Delhi, para pedir la prohibición de los misioneros. Según ellos, la Madre Teresa atendía a los pobres para convertirlos al cristianismo. Estos hechos junto con todos los que hemos ido presenciando de la persecución yihadista contra los cristianos, solo me recuerdan aquellas palabras de Jesús: “Si fueseis del mundo, el mundo os amaría; pero porque no sois del mundo, sino que yo os escogí del mundo, por esto el mundo os aborrece.” (Jn 15, 19) Pero no se trata ya de un tema religioso. Se trata de una violación de los derechos fundamentales en cuanto a la libertad religiosa. Un derecho que recoge, no solo el derecho canónico, ni lo que dice el art. 16.1 de la Constitución española de 1978 (que a su vez se concreta en varias leyes orgánicas y sentencias constitucionales), sino que está recogido en la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU en el artículo 18: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.” Lamentable. Pero esto no es nada nuevo, sino conocido por todos. Lo novedoso, y cada vez más, es cómo se viola este derecho en cada vez más cristianos de distintos puntos del planeta. Incluso con persecución de “guante blanco” como ha repetido varias veces el papa Francisco en sus homilías de la Casa Santa Marta: “Hoy es todavía tiempo de mártires: los cristianos son perseguidos en Oriente Medio donde son asesinados o se ven obligados a huir, también «de modo elegante, con los guantes blancos»”. Y mientras esto sucede, ¿qué hacen las potencias occidentales? ¿Para qué sirve la ONU? ¿De qué nos vale tener unos Derechos Fundamentales muy claros y bien escritos? En mi opinión la solución no es crear esas “milicias cristianas” que se han formado y que intentan reclutar...

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Nos morimos ¿lo sabemos?

¿Te das cuenta de que te mueres? Quizás eres de los que huye incluso de pensarlo. La muerte es un tema tabú para mucha gente. Pero ¿qué podría pasar si reflexionáramos un poco sobre esta realidad ineludible? ¿Qué nos paraliza ante este hecho? ¿Cuál es nuestra experiencia ante la muerte de un ser querido? Estarás de acuerdo en que también necesitamos hablar de las cosas que no nos gustan. XISKYA VALLADARES / Neupic 12-02-2015 – Anoche recibí un mensaje en el whatsapp: “La Virgen se ha llevado a Blanca”. Creo que todas estábamos pendientes de esa noticia. La Hermana Blanca, de 50 años, nos dejaba en cualquier momento después de varios años luchando contra un cáncer. Y muchas no dudábamos de que sucedería en este día de la Virgen de Lourdes. Así fue. Así nos consolamos pensando que “se la ha llevado la Virgen”, ha dejado de sufrir. Pero no puedo ni quiero hablar de ella. Solo quiero compartir las preguntas que me surgen desde algunas constataciones. La primera es esa toma de conciencia de que nos morimos. Algo que en algunas sociedades se pretende ocultar a los niños, pero que pasa a ser tabú también entre adultos. Que nos morimos significa que nuestra vida termina para nosotros y para los demás. Esto, incluso si eres ateo, tiene unas consecuencias. Cuando menos, vas a dejar un vacío en algunos corazones. Y si eres creyente significa que te verás cara a cara con Dios. No sé a ti, pero a mí esto no me deja indiferente. La segunda son las alabanzas magníficas y los remordimientos atroces. No he asistido aún a un funeral en que hablen mal del difunto. Ni he conocido a mucha gente  que no lamente o se arrepienta de algo en relación con el ser querido que les dejó. La tercera es el duelo vivido en silencio o soledad. Al principio todo el mundo te acompaña, la gente te escucha y cuentas una y otra vez lo que más te impactó (contarlo es necesario para el proceso del duelo). Pero con el tiempo te quedas solo/a con tu dolor. El que se fue te deja una ausencia y vacío que se hacen cada vez más grande. Tú, que te quedas, pasas mucho...

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¿Qué hago con el mal que recibo?

“El verdadero amor no tiene en cuenta el mal recibido. Goza haciendo el bien”, dice un tuit del papa Francisco. Pero ¿esto es realmente posible en todos los casos? ¿Eso de poner la otra mejilla es para todos los cristianos por igual? ¿Qué hago con el mal recibido? ¿Y cuando se trata de un familiar o de un amigo? Cuanto más cerca, más duele… XISKYA VALLADARES / Neupic 09-02-2015 –  Después de una temporada de viajes, charlas y desgaste físico y emocional, por causa de los cristianos perseguidos de Irak, toca parar un poco y descansar. En ese parón tomo conciencia de todo lo vivido y me pregunto qué pasa con todo eso: el bien dado y recibido, los autoengaños cegadores, las emociones en juego, los cuestionamientos internos, y también ¿por qué no decirlo? los golpes o chascos propinados. Creo que el peor error de una persona no es equivocarse gravemente, sino huir de lo que le pasa y no saber afrontarlo. Parto de la premisa de que todos los que me leéis sois buenas personas. Pero también es cierto que todos, alguna vez en la vida, por muy buenos que seamos (no somos perfectos), hacemos daño a alguien por error involuntario. Y a la vez recibimos golpes muy duros de quienes menos lo esperamos. Pienso en la madre que ha dado su vida por sus hijos y espera cariño y comprensión de ellos pero no lo recibe. Pienso en la esposa que después de entregarse años a su marido y a sus hijos, se entera de que ha sido engañada por él. Pienso en el misionero que se ha dejado la piel por un pueblo y uno de ellos lo traiciona o lleva a juicio injusto. Pienso en el amigo que ha confiado plenamente y de repente siente traicionada su confianza. ¿Qué nos pasa por dentro cuando hacemos el bien y recibimos daño a cambio? El papa dice que “el amor no tiene en cuenta el mal recibido” pero una cosa es decirlo y otra muy distinta es vivirlo. Todo golpe duele. Toda herida requiere tiempo para cicatrizar. Todo mal recibido crea una experiencia de dolor y digerirlo es un proceso lento y duro. Ayer paseaba por la playa y observaba cómo el...

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