¿El engaño y la infidelidad vienen en el ADN?

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Acabo de leer en El Mundo que un estudio de la Universidad de Indiana-Universidad Purdue Fort Wayne (EE UU), publicado en la revista Computers Human Behavior afirma que sólo un 16% de las personas son completamente honestas en internet. Esto no me sorprende tanto. Lo que sí me sorprende mucho son las razones que dan:

a) «El 98% de los internautas cree que todos los demás usuarios tergiversan la realidad, ya sea para garantizar su privacidad, para sentirse más protegidos o para parecer más atractivos en las webs de encuentros sexuales. Y esa desconfianza se convierte en excusa para ser embusteros».

b) «Neurocientíficos de las Universidades de Washington y Harvard demostraron que el comportamiento no ético puede producir emociones positivas. Y que del mismo modo que quienes se enfrentan a un maratón experimentan un eufórico subidón del corredor, los embustes provocan una especie de subidón del mentiroso. Se debe a que engañar, siempre y cuando no implique daño para terceras personas, libera dopamina, la hormona del placer y de la motivación, que activa los circuitos de recompensa cerebrales».

Pero el descubrimiento más importante es que «se ha identificado una variante de gen del receptor de la dopamina D4 (DRD4) que duplica el riesgo de ser infieles. Concretamente, el 50% de los que llevan en su ADN esta variante han engañado una o más veces a su pareja, más del doble que la media de la población. Curiosamente, ese mismo gen favorece la adicción al alcohol y a los juegos de azar, así como la afición por las actividades arriesgadas».

Estamos ante un problema moral importante. ¿Hasta qué punto somos libres para engañar o para ser infieles? ¿Cuánto nos condiciona nuestro ADN para ser sinceros y fieles? Porque lo que es muy sabido es que sin libertad no podemos hablar de moral. Si el ADN nos predispone a engañar o ser infiel (como a ser violentos, etc.), ¿qué podemos esperar?

Encima hay un dato más, también muy preocupante. Los hombres tienen más predisposición genética a ser infieles que las mujeres. Mira este gráfico que lo expresa claramente.

predestinados a la infidelidad

Ciertamente, si esto es así, hay una libertad muy condicionada por la genética. Pero, en mi opinión, esto no puede ser un justificante para dar rienda suelta a la mentira o a la infidelidad. Puede haber sido necesario en un momento dado de la evolución de los primates, «ya que permite al individuo manejar más apropiadamente y con mayor eficiencia las relaciones sociales con un número más grande de sujetos, lo que se conoce como hipótesis del cerebro social». Y está claro que todavía hoy, la mentira sirve a muchas personas para aumentar su status quo social, lo cual algunos creen necesario para «formar comunidades de individuos fuertemente ligados entre sí». Pero ¿qué tipo de relaciones pueden producirse basándonos en la mentira? Sin tener en cuenta la moral, «si el número de mentirosos es excesivo, o si las mentiras son excesivamente grandes, la red social se desmorona». ¿Quién confía en quién? Y ¿nos satisfacen profundamente las relaciones sin confianza mutua? He ahí el quid de la cuestión. 

Ni siquiera a los genéticamente predispuestos a la mentira y a la infidelidad puede satisfacerles unas relaciones sin confianza. En ninguno de los ámbitos. Los ‘subidones’ son momentáneos, no producen satisfacción permanente. En cambio, la sinceridad y la felicidad sí que producen satisfacción duradera y profunda en el ser humano.

¿Podría decir que la predisposición genética resta libertad? Todos sabemos que nuestra libertad es una libertad condicionada. No hemos elegido los padres, ni el país, ni el físico, ni el ADN. Todo ello nos condiciona la libertad. Pero no nos impide ser libres. Supondrá un mayor esfuerzo, un control mayor sobre nosotros mismos, una ayuda a veces profesional, pero podemos ser libres para elegir ser sinceros y fieles, o no. También el ‘pecado original’ nos predispone naturalmente al mal en muchos casos. ¿Eso nos exime de hacer el bien? De ninguna manera. Quizás ese ‘pecado original? esté también en nuestro ADN.

Cuanto más débiles, más pobres, en nuestra genética, en nuestro físico, en nuestra psicología, etc. seamos, más necesitamos de la ayuda de los demás y de Dios. Pero en ningún caso podemos decir que la predisposición genética sea un eximente para nuestra vida moral. A veces lo que más cuesta, se valora más y nos hace más felices porque nos hace más libres. No es lo mismo conseguir ser fiel sin esfuerzo alguno (¿qué mérito tendría?), que conseguirlo con el esfuerzo de una motivación mayor, como podría ser el amor. 

¿Y tú qué opinas?

3 Comments

  1. María José Varela Salinas

    El ADN es como la materia prima que recibimos y con la que podemos elaborar de nuestra vida algo bonito y bueno, como un artesano lo hace con el material que trabaja. Pero si no utilizamos las herramientas adecuadas, no le ponemos el interés y el esfuerzo necesarios, no somos lo suficientemente pacientes…, podemos producir una birria. Y sobre todo: si no hacemos caso al Maestro y dejamos que conduzca nuestra mano, es probable que no consigamos formar la obra de arte que Él tenía pensado que fuéramos.

  2. Hola Xiskya! Yo creo que la genética predispone, pero no resta libertad. Estoy de acuerdo contigo.
    Creo que a lo que se refieren en ese articulo es a “el circuito de la recompensa” gobernado por la dopamina. Existen personas con mas tendencia que otras a las adicciones, y el subidon de mentir o de las “experiencias limite o prohibidas” está relacionado con esto.
    Pero finalmente somos nosotros los que elegimos, con más o menos esfuerzo. Los seres humanos somos animales, pero con voluntad.

  3. Fco. Javier del Moral

    Buenas tardes Xiskya. Hace mucho tiempo que leí su libro “A rezar y a dormir”(me encantó)y he mirado si había publicado otro, pero hasta hoy no se me había ocurrido buscar su página.

    He visto este post sobre la infidelidad en la pareja, problema que también me ha parecido que lo ha enfocado muy bien (tendría necesariamente que notarse a qué es aficionada). Yo también estoy “hasta el gorro” de que, en vez de afrontar los problemas, no se haga más que buscar subterfugios y excusas en lugar de asumir la responsabilidad que tiene todo ser humano, porque Dios quiso que fuera libre.
    Echarle la culpa al ADN es una forma moderna de decir que estamos “predestinados” y que no podemos evitar hacer el mal. Por cierto cuando se engaña deliberadamente a otro ¿es que no se está intentando sacar provecho a costa de su inocencia?

    Otra consideración es que, para “quedar bien” en la encuesta, no se diga la verdad sino lo que pudiera considerarse más moderno o más de acuerdo con lo políticamente correcto, y que pase lo del refrán: “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”, o lo del dinero y santidad que sería extensivo a lo del parecer más “metrosexual” ante el entrevistador, lo que en realidad es nada más que falacia

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