Tenemos una vida que vivir

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(Jaber al-Helo/AP Photo/Archivo)

XISKYA VALLADARES / The Objective

21.03.2015 Esta ha sido otra semana atroz a nivel de terrorismo mundial. En Yemen, en Túnez, en Siria, en Irak… La ONU, por fin, empieza a reaccionar (mira que llevamos tiempo pidiéndolo). Ahora dice que quiere juzgar al Estado Islámico en la Corte Penal Internacional. La Oficina de Derechos Humanos dice que, según las evidencias, los islamistas han cometido en Irak los tres delitos más graves: genocidio, crímenes contra la humanidad y de guerra. ¿Solo en Irak?

Voy a ir al grano. Aunque no seamos la ONU, también nosotros tenemos que reaccionar. Tenemos una vida que vivir y no la estamos viviendo. El ser humano es el único animal capaz de vivir estando muerto. Y estamos pagando un precio por ello: ¿Somos felices? ¿Sentimos que nuestra vida es plena? ¿Estamos llenando nuestro ser de aquello para lo que hemos nacido? Ayer y antes de ayer (y seguramente hoy) he visto una película documental que no me deja, se llama “The power of the heart”. Seguramente no me deja porque trata de eso que llevo tiempo dándole vueltas: ¿Para qué estoy en este mundo? ¿Cuál es mi camino para aportar lo que Dios me ha dado? ¿Cuál es mi misión aquí? ¿De qué estoy llenando mi vida?

He visto el horror de Irak en directo, he sufrido una guerra en primera persona cuando solo tenía 10 años, he conocido desde dentro cómo funcionan los medios de comunicación, he podido relacionarme con personas muy influyentes de distintos ámbitos, he tenido la oportunidad aprovechada de formarme académicamente hasta un doctorado, he sabido lo que es trabajar en instituciones públicas y privadas, he viajado más que la media de la población mundial, he conocido la pobreza y la abundancia, he vivido la más bella amistad y el más doloroso abandono, he conocido a gentes muy variadas, y tengo un alma mestiza al 100% en la que se unen dos culturas diferentes: la Europea y la Latinoamericana. ¿Y todo esto es casualidad? Todo esto es un responsabilidad y me surgen preguntas. Pero no soy la única con estos interrogantes. Toda vida humana está llena de belleza y de misterio. Ante las cosas que suceden, a todos nos surgen cuestiones que tocan el meollo de nuestra existencia.

“Lao-Tzu decía que solo puedo enseñar tres cosas: la sencillez, la paciencia y la compasión. Pero en una época en la que huimos de las emociones y de las enseñanzas del corazón nuestro miedo redefine la sencillez como estupidez, la paciencia como pereza, y la compasión como sensiblería.” Lo que no sabemos es que de esta manera estamos dejando de vivir. Y todo vacío tiende a ser rellanado por inercia. “Si no abres tu corazón, la vida te aplastará. No porque haya algo malo en la vida misma, sino por cómo el agua llena un agujero. Si no te presentas al mundo como tú eres, todo lo que te rodea te rellenará.” Mientras vivamos en el miedo a que nos hagan daño por abrir el corazón, dejamos de vivir nuestra vida y acabamos autómatas en un mundo consumista de compras, miedo y preocupación, mientras el resto del planeta sufre, se muere de hambre, o es asesinado por terroristas hasta que la próxima víctima sea yo.

Tenemos una vida que vivir. ¿Y cómo la estamos viviendo? No vaya a ser que seamos muertos ambulantes.

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