Robot emocional para mi desconsuelo

ciencia

(Issei Kato/Reuters)

 

06.06.2014 – Se llama Pepper (Pimienta, en inglés) y sus creadores aseguran que será el primer robot de la historia capaz de examinar las emociones de las personas que le rodean, y de actuar en consecuencia. Es un robot emocional con un software que interpreta el estado de ánimo de las personas. Tiene su base de datos en la nube adonde se conecta con todos los otros robots de su especie para crear una inteligencia artificial colaborativa. Costará en el mercado japonés unos 2.000 dólares y saldrá a la venta en febrero de 2015.

“Lo veo nervioso, ¿en qué puedo ayudarle?” podría ser una de las primeras frases más usuales en estos robots emocionales. Sus creadores están pensando en un robot doméstico que pueda ayudar a personas mayores que viven solas, o a enfermeras y niñeras. El problema del envejecimiento y la soledad en Japón es bastante preocupante y piensan que Pepper puede suplir estas necesidades.

Es asombroso cómo la tecnología puede llegar a construir proyectos de este nivel. Me parece bien que se investigue en las emociones mediante estas máquinas, siempre que los resultados de éstas sirvan para conocernos mejor y mejorar en nuestras relaciones humanas. Pero no para sustituir al ser humano. La calidez, el cariño, la ternura y la compasión humana son insustituibles. Por mucho que el robot llegue a ser un humanoide, seguirá siendo materia fría y rígida que sólo puede actuar por programación. Pienso en todos los problemas derivados que pueden venir de su uso con niños o con ancianos.

Y seguro que más de uno ya está pensando que más vale tener la compañía de un robot que vivir en una soledad constante. Mi pregunta es si realmente podemos considerar compañía a un robot. ¿No será acaso una buena forma para seguir abandonando a nuestros seres más débiles de la sociedad sin remordimiento de conciencia alguno? Tenemos así cada vez más excusas fáciles para continuar por el camino del individualismo en el que sólo cuenta lo que me beneficia personalmente. ¿Hasta qué punto esto nos llena realmente?¿Somos de verdad más felices?
Siento incordiar conciencias pero para mí la felicidad es inherente al amor y éste a la entrega total y desinteresada. No, nunca podremos ser más felices mientras un robot cuide a nuestros abuelos, mientras nosotros desparramamos vida en pasarlo egoístamente bien. No seremos nunca más felices buscando excusas para no ocuparnos de quienes se merecen todas nuestras atenciones y cuidados. Sólo crecemos y nos llenamos en un amor entregado y comprometido que mira más por los demás que por sí mismo. Los robots emocionales son para quienes no han entendido que la vida sólo vale la pena desde el amor de donación. Ni el exceso de trabajo ni el paro, ni la soledad ni el abandono, pueden ser motivo para poner un robot emocional en la vida de los más débiles.

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