Sé tú ese rostro amable de la Iglesia

Encuentro Benedicto XVI y Francisco, en Castelgandolfo.

Encuentro Benedicto XVI y Francisco, en Castelgandolfo.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA SUPERGESTO DE OMP

XISKYA VALLADARES

Era muy difícil que en un grupo tan selecto, de 115 cardenales a cual mejor formado, pudiese surgir un Papa “inadecuado”. Mucho más difícil aún que el Espíritu Santo se tomase vacaciones en estos tiempos que corren. Tiempos nada fáciles para ser cristianos. Y quizás precisamente por eso más apasionantes. Algunos de los hijos más queridos de la Iglesia han sido motivo de los mayores escándalos. Algunos grupos de ideologías anticatólica han sabido aprovecharlo muy bien. La vida sin Dios propia de las sociedades más desarrolladas tampoco ayuda. Y la falta de radicalidad evangélica entre los que somos cristianos no es el mejor testimonio. Pero ahí, justo en medio de toda estas circunstancias, es donde el Señor nos llama, nos ama, y nos envía.

El representante de Cristo sabe que los jóvenes son el futuro de la Iglesia. Los jóvenes católicos saben que da igual cómo se llame el Papa: Juan Pablo II, Benedicto XVI o Francisco. Que lo importante es que él, y no otro, representa a Cristo mismo con todas sus peculiaridades. Por eso, las citas de la JMJ nunca fallan. Ni los jóvenes ni el Papa. Son un tándem genial. Ni las tormentas ni el ardiente sol, ni la edad, ni la incomodidad, ni las persecuciones, ni la pobreza, les impiden el encuentro. El Papa y los jóvenes caminan juntos, es Cristo quien les convoca.

El Papa tiene muchas preocupaciones y ocupaciones, pero estoy segura de que no dejará de sacar tiempo para pensar en vosotros, jóvenes. Podéis incluso ser su descanso, su esperanza. Y también la extensión de sus brazos y el amplificador de su voz. El Papa os necesita. Y vosotros necesitáis del Papa. Él os da su confianza y su cariño. Vosotros el testimonio de vuestro seguimiento de Cristo. La Iglesia entera os necesita. Cristo os necesita.

No os avergoncéis nunca de Cristo ante vuestros amigos. No tengáis miedo al ridículo ni al insulto. Sed felices porque sois portadores de la perla preciosa del Evangelio. Estáis humildemente por encima de todos los que puedan reírse de vuestra fe. Sois dichosos. Si Cristo vive en vosotros, lleváis en vuestros corazones la capacidad de hacer el bien, de perdonar, de devolver bien por mal, de crear un mundo nuevo como tantas veces lo habréis soñado. Sed valientes y fuertes en la fe. No dudéis de que vale la pena. Vuestros nombres están escritos en el libro de la Vida.

Y confiad en el nuevo Pastor, sucesor de Pedro. Él sabe de vuestras dificultades, conoce nuestro mundo, los grandes y pequeños pecados de su Iglesia, nuestras debilidades… No se desentiende de ello. Tenemos, además, a nuestro querido Benedicto XVI orando por todos nosotros. Su oración unida a la de tantos hermanos y hermanas en la fe, sostiene a la Iglesia. Nunca falla. El Espíritu Santo la sigue guiando y no se equivoca. Nos equivocamos los hombres y mujeres en nuestros juicios y valoraciones. Pero nunca cuando confiamos en quien realmente es lo importante en nuestras vidas: Cristo Jesús, Señor nuestro.

Así que no os detengáis en las murmuraciones, ni en los que ensucian la imagen de Cristo en su Iglesia. Creed en Él, confiad en Él y luchad por Él y junto a Él para que entre todos, juntos, sepamos devolver al mundo ese rostro amable y misericordioso de nuestra madre la Iglesia. No es solo tarea del Papa o los cardenales y obispos. Es tarea de todos los que formamos este cuerpo. Sólo así estaremos creando auténticos cambios.

La Iglesia que eres tú, joven, debe conseguir en este mundo la mayor de las revoluciones. La revolución del amor. No esperes de ninguna otra institución ni empresa ni grupo humano esa capacidad de transformar realmente el mundo, si no es a través de un corazón convertido capaz de amar incluso a sus enemigos. Y esa es también tu misión. Nuestro mundo necesita más que nunca santos y mártires. Los mártires de la fe no son sólo los que mueren de manera cruenta. También lo son todos los que cotidianamente entregan su vida al servicio de los demás por Jesucristo.

Seguro que sueñas tu Iglesia como una madre limpia y cercana, que acoge a todos sus hijos y dialoga con todos los hombres. Seguro que quieres una Iglesia santa que habiendo experimentado la misericordia reparte misericordia a quienes le visitan. Seguro que sueñas con una Iglesia abierta y luminosa donde todos se sientan hermanos. No lo dudo. Pero no olvides que Iglesia eres tú.

Puede descargarse el PDF aquí

3 Comments

  1. Acertadísimo artículo de reflexión para los jóvenes y los no tan jóvenes. No siempre es fácil llevar la bandera de Cristo y mucho menos la Cruz, pero las recompensas en forma de “gracia” y el inmenso amor que nos proporciona para llegar a Él no tiene precio.

    Gracias Xiskya

  2. Silvia

    Me encantó la compartí con mi hijo!!!

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