Via Crucis 2012

Sucedió hace más de 2.000 años, pero Jesús sigue sufriendo y muriendo hoy. La injusticia mayor de la historia llevó a clavar al Amor en una cruz, al patíbulo de los peores delincuentes. Pero nuestro mundo sigue haciendo lo mismo y muchas veces nosotros contribuimos a ello.

1ª Estación: Jesús sentenciado a muerte

El pueblo gritó ¡crucifícalo! Y Pilato se lavó las manos. El pueblo pidió su sangre. Y Pilato dejó que se lo llevaran.

Nuestros sistemas de justicia siguen condenando a muerte a inocentes. Pero también nosotros condenamos con nuestros juicios y nuestras críticas, de pensamiento o de palabra. Y condenamos nuevamente a Dios presente en cada Hermano.

2ª Estación: Jesús se abraza a la cruz

Ya no se oye el clamor de las entusiastas multitudes. Hoy se ofrece al Maestro burlas, provocaciones y bofetadas. Un cuerpo herido por golpes y azotes recibe un pesado madero como carga…

Conocemos familias que abandonan a sus miembros más débiles o más pesados, a sus enfermos o ancianos. Pero también nosotros aislamos a quien no piensa o no es como nosotros y a quien no nos da la razón o no sigue nuestro juego. Y seguimos poniendo en Jesús una cruz sobre sus espaldas.

3ª Estación: Jesús cae, por primera vez, bajo el peso de la cruz

“Éste es el Hijo, el Amado y predilecto”. El mismo Jesús transfigurado ahora sangra y cae al  suelo. Jesucristo  de  las  heridas  y  moretones,  tu  mano  nos  levanta  después  de  una  caída.

Recordemos a todos los que caen en la desesperanza, como los cinco millones de parados o los miles de miles de desahuciados. Pero pensemos también en todas las veces en que hemos tenido que quedar por encima de otros, o que en lugar de ayudar al que tenemos al lado, hemos preferido ignorarlo o pisotearlo. Seguimos haciendo caer a Jesús.

4ª Estación: Jesús se encuentra con su Madre

María sabías que una espada le atravesaría  el corazón, pero su dolor es indecible; desde su angustia de  mujer  y  madre  aún le  escuchamos  susurrar: “Hágase  en  mí  tu  voluntad”, “haced lo que  Él  os diga”.

Tengamos presente a todas las mujeres que sufren violaciones y a todas las madres que abortan a sus hijos. Pero pensemos también todas las veces en que hemos sido duros de corazón y de mirada, o que hemos negado el consuelo o la escucha a quienes han acudido a nosotros con sus cruces.

5ª Estación: El cirineo ayuda a llevar la cruz

Obligado a ofrecer su hombro pudo aliviar la pesada  carga  en  tu  tormento.  Pero tú siempre devuelves las ayudas de tantos  cirineos solidarios y compasivos, Señor.

Hoy también hay muchos cirineos en nuestro mundo, voluntarios u obligados por las circunstancias de la vida: asistentes sociales, personal de la salud y de la educación, personal que trabaja en las cárceles, etc. Recordemos todas las veces en que no hemos querido sacrificarnos por alguien.

6ª Estación: La Verónica enjuga el rostro de Jesús

Tu  cara  dibujada  en  sangre,  sudor  y  lágrimas, un  rostro  de  cruz  es  la  fuente  de  mi  esperanza.  Creo  firmemente  en  quien  camina  hacia  su  muerte.   Muerte,  ¿dónde  está  tu  victoria?  

Rostros de funcionarios prisioneros en sus trámites, de jóvenes tristes y pasotas, de gente que consagra su vida a la violencia; rostros con pena o indiferencia, ceños fruncidos o esperanzados. Y junto a todos esos: mi rostro, en el que muchos esperan ver estampada la cara de Jesús, pero no la encuentran. Las muchas veces en que en lugar de suavizar la vida de otros, la cargo con mis obsesiones o mis imposiciones.

7ª Estación: Segunda caída en el camino de Jesús

El que ofrecía  su  mano  y  decía “levántate”, el  de  la  palabra  alentadora  “toma  tu  camilla  y  camina”, el  que  resucitó  a  su  amigo  ahora  vuelve  a  caer en  el  suelo, dolorido, Dios y hombre verdadero.  

Recordemos a todos los que caen víctimas de la manipulación de otros, a todos los privados de libertad física o interior. Y pensemos en todas las veces que somos nosotros quienes imponemos nuestros criterios, nuestros planes, nuestras conveniencias. A veces sutilmente. Y contribuimos a la falta de libertad de este mundo.

8ª Estación: Jesús consuela a las hijas de Jerusalén

En medio del sendero doliente quisiste, Jesús, hablar a  las mujeres, excluidas ya en tu tiempo. Vinieron a consolarte, y ellas hallaron en Ti consuelo: “Si  esto  hacen  con el leño  verde, ¿con el seco qué  harán?”

Veamos a todas esas mujeres que acompañan a un familiar enfermo, que hacen filas fatigadas por sus seres queridos, que sufren la incertidumbre de sus hijos. Mujeres valientes y fuertes que aman y muchas veces no son valoradas. Y veamos también nuestra incapacidad de amar sin esperar nada a cambio, nuestra indiferencia ante el sufrimiento ajeno, nuestra falta de empatía con quien tenemos al lado.

9ª Estación: Jesús cae por tercera vez

Tentado y provocado en el tiempo de desierto y puesto  entre las trampas de escribas y fariseos… querían tu caída, la procuraban y azuzaban. Desde tu madero,  Señor,  brota  mi  fe  y  mi  esperanza.

Los jóvenes siempre están llenos de ilusiones y proyectos, aunque a veces sin oportunidades. Da igual el lugar y su formación. No aceptamos que sí tenemos responsabilidad cuando contribuimos a que caigan. Nos cuesta reconocer que ahora les toca a ellos, que también tienen mucho que enseñarnos. Seguimos haciendo caer a Jesús. También en todas las veces que humillamos o hacemos llorar, aunque sea sin darnos cuenta.

10ª Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras

Se reparten tu ropa y la echan a suerte,  desnudan  al  Cordero  que  quita  el  pecado  del  mundo.  La  cruz  que  recibe  tu  cuerpo  humillado  tejerá  las nuevas ropas de  la  dignidad  del  ser  humano.

Hoy el cuerpo desnudo se compra y se vende con mucha facilidad. Incluso se le flagela y se le tortura en nombre de supuestos valores. Los pobres son despojados no sólo de sus vestiduras, los niños despojados de su inocencia, los jóvenes despojados de su esperanza. Pero nosotros también seguimos despojando a Jesús con nuestras injusticias, nuestros falta de equidad, nuestro trato desigual, nuestras exclusiones.

11ª Estación: Jesús es clavado en la Cruz

Tu cuerpo, eucaristía y santuario, atrapado entre los clavos y el madero, entre tus verdugos y unos pocos que te lloran, entre el ladrón orgulloso que te  menosprecia y el arrepentido que busca tu compasión. 

Miles de ejecuciones, accidentes fatales, crueles soledades, penurias extremas, y un sin fin de muertes injustas continúan sucediendo cada día. Y también nosotros clavamos a Jesús con nuestros orgullos, nuestras frialdades, nuestras palabras hirientes e imprudentes, nuestros rencores y todas las críticas negativas.

12ª Estación: Jesús muere en la Cruz

Has recorrido el camino humano hasta el final y en el Padre te abandonas y descansas, grano de trigo que  muere para dar fruto. “Realmente este hombre era hijo  de Dios…”

Nos ponemos de rodilla, si podemos. Silencio. Sus seguidores enmudecieron aquella tarde. También enmudecemos nosotros ante los cristianos perseguidos, los excluidos de la mesa de todos, los abandonados hasta en su muerte. Y enmudecemos ante nuestra incapacidad de reconocerlo y alegrarnos en los dones de nuestros Hermanos, o incluso en sus debilidades.

13ª Estación: Jesús en brazos de su madre

Te habían visto sanar, perdonar y resucitar. Hoy te  vieron  sufrir  y  morir.  Te  oyeron  decir  de  Lázaro  “no  está muerto, sólo duerme”.  En esa esperanza tu madre recibe en  sus  brazos  tu  cuerpo  inerte.

Hoy son muchos los brazos de padre, madre, hermano y amigo que se abren para acoger al pie de tantas cruces: la de la enfermedad, la muerte, el fracaso, la injusticia, el hambre, la discriminación, el sinsentido de un mundo sin Dios. Abrir esos brazos supone humildad, sencillez, cariño sincero. Podríamos preguntarnos cómo es nuestra acogida con los de dentro y de fuera de nuestra casa: ¿sincera o por conveniencia? ¿pareja o selectiva? ¿servicial o cómoda?

14ª Estación: El cadáver de Jesús es puesto en el sepulcro

La piedra será movida, quedará el sepulcro vacío, te  buscaremos, Señor, entre los muertos y allí no te  encontraremos.     

La tierra sabe cuidar de lo suyo. Pero la mano del hombre muchas veces la destruye. También en muchos lugares del planeta es tierra de mártires que dieron su vida por su fe. Jesús sigue enterrado hoy en todos los que han dado su vida por amor. Y nos envía a sembrar la tierra de esperanza: Si el Señor no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe.

ORACIÓN FINAL:

Señor, la coherencia de tu vida te llevo a una cruz. Y el Padre en tu fidelidad sacó de la injusticia nuestra redención. Danos tu estilo para vivir con coherencia entre nuestra vida y nuestras palabras. Haz nuestros corazones humildes, sinceros, y llenos de vida como el tuyo, para poder comunicarte realmente a nuestros Hermanos y Hermanas. Danos fortaleza en nuestras debilidades para que no hagamos tanto daño; no queremos seguir crucificándote. Y llénanos siempre de esperanza activa para caminar contigo hacia la Pascua. Amén.

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